P. Ignacio Flores García, MG

Universal:
Los ancianos.

Por los ancianos, para que, sostenidos por las familias y las comunidades cristianas, colaboren con su sabiduría y experiencia en la transmisión de la fe y la educación de las nuevas generaciones.

¿Tiene sentido la existencia de una persona avanzada en edad que se encuentra en condiciones precarias? ¿Es válido enfrentar la ancianidad, como una experiencia de vida, con paciencia y valentía? Estas preguntas interpelan no sólo a los ancianos, sino a quienes los acompañamos y cuidamos, especialmente si están enfermos. La actual mentalidad de la eficiencia tiende a señalarlos como una carga, un problema para la sociedad, casi un estorbo. Sin embargo, quien tiene sentido de dignidad humana sabe que respetarlos y sostenerlos en sus estados críticos significa comenzar a sembrar para una fructífera cosecha personal no muy lejana. La ancianidad representa la última etapa de nuestra peregrinación por el mundo, una realidad de la que algún día todos participaremos. Recojamos y valoremos la sabiduría y el testimonio de vida de los ancianos, y en oración contemplemos la experiencia que Dios quiere transmitirnos en cada uno de ellos.