“Servidor de Cristo” (Ga 1, 10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como “apóstol” por voluntad del Señor Jesús (cfr. Ga 1, 1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús […] El discípulo de Jesús no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo, como hizo Pablo: aspirar a ser un servidor. Dicho de otro modo, si evangelizar es la Misión asignada a cada cristiano en el Bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la Misión, el único modo de ser discípulo de Jesús. Su testigo es el que hace como él: el que sirve a los hermanos y a las hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana, que es vida de servicio.

Francisco
Homilía por el Jubileo de los Diáconos
29 de mayo de 2016