P. Javier González Martínez, MG
Misionero en Kenia

Al hablar de la Misión hoy, debemos considerar algunos elementos esenciales que configuran nuestro ser como misioneros de Cristo, particularmente desde el punto de vista de Misioneros de Guadalupe:

  • El primer elemento es la fe en Dios, importante al identificar el horizonte de nuestro quehacer. La fe que viene de Dios nos coloca en el horizonte de la esperanza a la hora de compartir el Evangelio en el contexto de otras propuestas de bienestar para el mundo.
  • Un segundo elemento es el encuentro con Cristo. Un encuentro personal y transformador, que continúa y se enriquece con las experiencias en Misión. En África el perfil de Cristo adquiere un semblante de tribu, distinto al que tiene en Asia o América.
  • El tercer elemento es la alegría de haber recibido el encargo misionero como bien salvífico de otros. En el contexto africano es probable que la alegría venga de sentirse culturalmente aceptado, algo necesario en momentos de animosidad tribal.
  • Un cuarto elemento es la experiencia de pertenecer a la comunidad misionera. Se es misionero de Cristo en la medida en que vivimos vinculados a una comunidad que vive de la Misión y para la Misión, y esta es esencialmente la Iglesia.
  • El quinto elemento es el anuncio de Cristo Resucitado, que viene por el kerigma y puede fortalecer la esperanza de los pueblos. Todo mg está llamado a apropiarse del anuncio y emplearse en él en cuerpo y alma.
  • El anuncio se dirige al corazón de los hombres y a través de María de Guadalupe puede llegar más directamente a nuestras culturas. Este es el sexto elemento de la Misión mg hoy.
  • El séptimo elemento de la Misión hoy es su ubicación temporal: la Misión de Cristo responde al hombre de hoy, a las angustias y búsquedas de la verdad en el momento presente, en un mundo lleno de nuevas situaciones humanas.
  • Un octavo y último elemento es el anuncio de Cristo para fortaleza de nuestra libertad humana. Quien revive la Palabra de Dios y actúa en consecuencia, ya ejerce su libertad humana. Si esa libertad trabaja en comunidad se puede convertir en acción liberadora. Los contenidos de nuestro trabajo se dirigen a anunciar a Cristo salvador en la línea paulina, para orientar la libertad de lo humano (cfr. Gal 5, 1). Así la libertad se convierte de verdad en el motor de la historia, a través de la que Dios salva a los hombres.