P. Rodolfo Rafael Sánchez Díaz, MG,
Animación Misionera, México

Queridos Padrinos y Madrinas de los Misioneros de Guadalupe, quiero compartir la experiencia misionera que he tenido al trabajar en México, donde nuestro Instituto me ha confiado la animación misionera en la zona centro del país, además del Club de Niños MG.

La sociedad actual nos pide responder a las necesidades de niños, jóvenes y adultos con el entusiasmo y la alegría del Evangelio. Para ello necesitamos renovar y recrear la Misión en nuestras familias, el trabajo, la escuela y los grupos parroquiales. Los sacerdotes del Departamento de Animación Misionera hemos visitado varias parroquias a lo largo y ancho del territorio nacional, para responder a este reto mediante la organización y realización de la Semana de Animación Misionera, donde participan los mismos feligreses.

Nos hemos he dado cuenta de que los líderes y los agentes de pastoral se entusiasman al ser enviados para compartir el kerigma (primer anuncio) casa por casa, y llevar la experiencia del amor y la misericordia de Dios a los habitantes de las colonias y pueblos de su parroquia. Esa alegría se contagia con las actividades que realizamos, como el rezo del Rosario misionero en las mañanas, entrar en diálogo con Dios a través de las horas santas, pláticas de temas para niños, jóvenes y adultos por la tarde, y celebración del amor de Dios con Misas emotivas y festivas durante toda la semana.

El encuentro con los niños y adolescentes es una oportunidad para sembrar los valores humanos y cristianos, así como la semilla de la fe, en los pequeños de nuestra querida patria. Ciertamente se requiere tener carisma y habilidad para transmitir, con un lenguaje sencillo y actividades lúdicas, el anuncio del Evangelio de tal manera que sea atractivo para ellos. Por otra parte, nuestros jóvenes necesitan espacios para compartir sus alegrías, problemas, dificultades, anhelos e ilusiones, pero sobre todo para conocer y amar mucho más a Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.

Todo el entusiasmo y alegría por haber tenido contacto con el amor de Dios se expresa siempre al finalizar las actividades, en la marcha misionera por las principales calles del lugar, con porras y coreografías, para luego culminar con la Misa de acción de gracias.