Hoy estamos aquí como en un Cenáculo a cielo abierto, porque no tenemos miedo: a cielo descubierto, y también con el corazón abierto a la promesa del Padre. Estamos reunidos “todos los creyentes”, todos los que profesamos que “Jesús es el Señor”, “Jesus is the Lord”. Muchos han venido de distintas partes del mundo y el Espíritu Santo nos ha reunido para establecer lazos de amistad fraterna que nos alienten en el camino hacia la unidad, la unidad para la Misión: no para estar quietos, ¡no!, para la Misión, para proclamar que Jesús es el Señor –“Jesus is the Lord”–, para anunciar juntos el amor del Padre por todos sus hijos. Para anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos. Para demostrar que la paz es posible. No es fácil demostrar al mundo actual que la paz es posible, pero en el nombre de Jesús podemos demostrar con nuestro testimonio que la paz es posible […] La venida del Espíritu Santo convierte a hombres encerrados por miedo en testigos valientes de Jesús. Pedro, que había negado a Jesús tres veces, lleno del poder del Espíritu Santo, proclama: “Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha constituido Señor y Mesías” (Hch 2, 36). Y esta es la profesión de fe de todo cristiano. Dios ha constituido Señor y Cristo a aquel Jesús que ustedes han o que ha sido crucificado.

Francisco
Palabras en la Vigilia de Pentecostés
3 de junio de 2017