P. Ezequiel Reyes Alejandro, MG
Asesor del Seminario Menor y Coordinador de la Pastoral CAMEE

Estimados Padrinos y Madrinas, quiero compartir con ustedes mi punto de vista acerca de “la Misión hoy”. Es verdad que referirse a ella es meterse en profundidades que nadie puede llegar a medir, incluso podríamos perdernos en las innumerables definiciones que nos dicen qué es la Misión. Sin embargo, como discípulos de Cristo no debemos perder de vista que la base es conocer al mensajero y remitente: Dios.

“Que te conozcan a ti, el único Dios Verdadero” (Jn 17, 3b). Esta cita nos da a conocer la oración sacerdotal de Jesús y tiene como base la relación de amor entre Él y su Padre. Es la oración que surge de la confianza y la comunión: “nadie conoce al Padre sino el Hijo” (Mt 11, 27) y no de la suposición o la casualidad. Conocer a Dios es poseer la vida eterna; nada ni nadie puede tener mayor relevancia.

Por eso la Misión no puede ser otra cosa que dar a conocer a Dios. Pero aquellos que no lo conocen ¿qué harán?, ¿cómo van a conocerlo si no lo damos a conocer? A nosotros, que hemos sido evangelizados por personas a su vez evangelizadas, nos toca continuar esa labor que en su momento puede ser cansada aunque infinitamente gratificante, y que no necesariamente se realiza a miles de kilómetros de nuestra casa.

Haber conocido a Dios implica vivir alegres por estar sometidos a cualquier clase de pruebas y tentaciones, llámese poder, vanidad, autosuficiencia, dominio sobre el prójimo, etc.; no hacer diferencias entre los distintos tipos de personas, sean ricos o pobres, con capacidades diferentes, jóvenes o ancianos; mostrar siempre nuestra fe acompañada de obras, porque una fe sin obras es una fe muerta y nadie creerá en un mensaje vacío de sentido y contenido. Si lo conseguimos estaremos realizando la Misión que Dios quiere: enamorarnos de Él y enamorar a los demás para Él, experimentar la misma relación que tuvo Jesús con su Padre.

No puede haber división entre quienes conocemos a Cristo, no podemos dar un testimonio contrario al que hemos recibido porque sería retroceder de lo que ya hemos ganado. Para mí la Misión hoy es que todos consigan la vida eterna al conocer a Dios en Jesús a través de nosotros, pobres cooperadores del Reino.