P. Ignacio Flores García, MG

Ella se llama Ignacia, es mi tocaya, Madrina de los Misioneros de Guadalupe y una gran misionera por los motivos que les compartiré a continuación.

La conocí en el Estado de México, en la ordenación del P. Marcos Leonel Martínez Sañudo, MG, quien ahora es misionero en Perú. Después de la celebración de la Misa, en el momento de compartir los alimentos durante la fiesta por la ordenación, se acercó a mí y me preguntó: “¿Es usted el P. Ignacio que escribe en la revista Almas?”. Respondí que sí e inmediatamente se hizo la presentación mutua. Ella me dijo: “Me llamo Ignacia y soy Madrina de los Misioneros de Guadalupe. Leo la revista todos los meses y estoy al pendiente de los artículos que usted escribe, Padre”. Al finalizar su presentación le reiteré que efectivamente era yo quien escribe en esta sección de la revista, y le agradecí de todo corazón su apoyo y la lectura de los artículos que, con mucho gusto, los Misioneros de Guadalupe, desde nuestras diferentes Misiones, redactamos para todos ustedes, queridos bienhechores. Después sonreímos mutuamente y estrechamos las manos. Ese fue nuestro primer encuentro y desde aquel entonces comenzamos una bonita amistad. Acordamos orar uno por el otro, con mayor razón al ser devotos de san Ignacio.

Cierto día, mientras escribía un artículo para compartirlo con ustedes, sonó el teléfono de la oficina del Centro de Orientación Vocacional en la Ciudad de México. Era muy temprano y por suerte me encontraba ahí, pues, por el trabajo, algunas veces me tengo que ausentar para visitar a algunos muchachos con inquietud vocacional en otros estados de la república. Al contestar me dijo la señorita operadora que se trataba de la Madrina Ignacia, quien deseaba conversar conmigo. Tomé la llamada y saludé a mi tocayita, a quien no había vuelto a ver ni escuchar después de la ordenación del P. Marcos. Fue un gusto saludarnos, platicar brevemente y recordar nuestro compromiso de mantenernos unidos en oración. Me dio mucho gusto escuchar su saludo y saber de su deseo de bienestar para todos los MG, pues me aseguró que siempre reza por nosotros.

En los meses siguientes salí mucho de la ciudad y ella optó por dejarme recados y recordarme su gesto de oración. Pero recientemente volvimos a coincidir en una llamada telefónica. ¡Doy gracias a Dios porque su llamada fue providencial! En los momentos en que uno imagina que el Señor no lo escucha, es reconfortante recibir nuevamente palabras de ánimo. En esta ocasión la Madrina me dijo, casi en forma de letanía: “…y pido por el Papa, por los Cardenales, por los obispos, por los sacerdotes encargados de los seminarios, por las religiosas y por ustedes, los promotores vocacionales, para que el Señor los fortalezca en su pesca de vocaciones…”. En ese momento me quedé absorto, pensando en lo confortante que es saber que nuestra Madrina pide por los sacerdotes promotores y por los jóvenes que quieren dar el paso para conocer e integrarse a las filas de la vida religiosa, ya que de verdad en este trabajo nunca estamos solos y siempre hay alguien que nos brinda su apoyo.

“Por todos ustedes, Padre, por todos ustedes…”, esas fueron las palabras con las que volví a la conciencia. Después le agradecí infinitamente su gesto y le recordé lo que ella y ustedes, queridos bienhechores, saben muy bien de corazón: al igual que nosotros, sus ahijados, ustedes también caminan en la Misión, y así como piden por nosotros, sus ahijados elevamos nuestras plegarias por todos ustedes.

A nuestra Madrina Ignacia le pedí permiso para escribir este artículo (que seguramente leerá), en una ocasión que me invitó a su casa para comer un guiso muy delicioso de pescado y sopa de lentejas que ella misma preparó. Le agradezco que me haya permitido compartir con todos ustedes el bonito altar donde todos los días eleva una oración al Creador para pedir por sus misioneros.

Sé que muchos de ustedes así lo hacen también y no queda sino darles las gracias por su apoyo material y espiritual, pues por eso seguimos realizando nuestra Misión todos los días. Sigo invitándolos para que recen en favor de los jóvenes que tienen el deseo e inquietud para ser sacerdotes, religiosas y religiosos misioneros.

¡Que el Señor llene de abundantes bendiciones a sus familias y a cada uno de ustedes! ¡Que Dios siempre tome en cuenta su gran generosidad por las Misiones, los proteja y que nunca les falte nada! Este es mi deseo para todos y cada uno de ustedes.