P. Rodolfo Loza Hernández, MG
Asesor del Premla

Estimados bienhechores, desde el año 1981 nuestro Instituto ha dado espacio a los laicos mexicanos para que vivan su vocación misionera ad gentes. Mientras estaba en la Misión de Perú, me tocó estar presente en la preparación de la llegada de la primera Misionera Laica Asociada (MLA) a dicha Misión. Así mismo, acompañé al primer grupo que llegó a trabajar en la Prelatura de Camaná.

En mi servicio como Superior de la Misión fueron varios los laicos que tuve oportunidad de recibir y acompañar durante su trabajo pastoral. Esa vivencia con ellos me llevó a darme cuenta de la necesidad de su trabajo para la Misión y de la importancia de que tengan una buena preparación previa a su vida en Misiones, para que realmente vivan con alegría su vocación y los retos que la misma les presente, y de esa manera al retornar a la patria lo hagan contentos y sintiéndose realizados.

En 1999, el P. José Navarro Navarro, MG, entonces Superior General, y su Consejo me pidieron que colaborase en la formación de los laicos en México, después de haber terminado estudios en Pastoral Catequética en la ciudad de Santiago, en Chile.

La formación de MLA fue un trabajo que realicé durante nueve años, en los cuales distintas personas me preguntaban si mi trabajo era misionero, si me sentía realizado con él y estando en la patria. Siempre he sido consciente de que lo es, ya que ayudar a los laicos con inquietud de participar en la Misión ad gentes a tener una buena preparación es de suma importancia, como lo demuestra el Magisterio de la Iglesia al elaborar documentos misioneros en los que, bajo la la inspiración del Espíritu Santo, queda plasmada la necesidad de una buena formación para que todo misionero cuente con las herramientas que le permitirán vivir su vocación en plenitud.

En la actualidad voy a cumplir tres años de estar de nuevo en este servicio. He acompañado a tres grupos, de los cuales siete misioneras están en Misión, y cinco mujeres y un varón se encuentran en etapa de preparación. Agradezco a Dios esta oportunidad y espero seguir colaborando con esta parte fundamental de la tarea misionera de la Iglesia.