P. Ignacio Flores García, MG

Hace aproximadamente siete años, al recibir el Sacramento del orden en grado de diáconos, tres seminaristas Misioneros de Guadalupe dimos un “Sí” al llamado de Dios para el servicio de nuestros hermanos en África. Como lo comenté en una ocasión anterior, el diaconado es un paso previo a recibir el presbiterado, donde por manos de un obispo de la Iglesia católica se confiere la potestad de celebrar algunos sacramentos y tener ciertas responsabilidades dentro de la comunidad eclesial.

Esto lo recordé cuando pensé en los días de este mes y en la fiesta de san Agustín, que no tarda en llegar, y me di la oportunidad de recordar gratos momentos al observar mis fotografías de antaño, cuando estaba en Misiones. Los tres diáconos –ahora sacerdotes MG– participábamos de diferentes maneras en cada una de las comunidades de las Misiones de África que se nos asignaron: Kenia al P. José Guadalupe Martínez R.; Mozambique al P. Damián Iván Bernal C., y Angola a un servidor.

Los recuerdos llegaban y se correspondían con cada imagen que veía, las cuales fueron capturadas entre nuestras experiencias personales y grupales, desde que llegamos a estudiar a África y hasta el tiempo en que realizamos nuestros respectivos servicios diaconales.

El 28 de agosto de 2010 la gente de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Nairobi, Kenia, junto con toda la comunidad de sacerdotes Misioneros de Guadalupe y Misioneros Laicos Asociados compartieron con nosotros el momento de alegría por ser instituidos en el diaconado. Pronto los tres nuevos ministros nos separamos para cumplir con nuevos retos y experiencias dentro de las Misiones, y cada uno, de vez en cuando, pudo enviar a los otros un saludo a distancia.

En la actualidad me encuentro en el Centro de Orientación Vocacional (COV) y, tras haber invitado a varios jóvenes inquietos y deseosos de responder al llamado de la vocación religiosa para que se incorporen a las filas de la Misión, continúo pensando que la mies es mucha y los trabajadores pocos. Sin embargo, también sé que, como ellos y como nosotros, que ahora somos sacerdotes misioneros, hay entre nuestro pueblo jóvenes que todavía quieren dejarse conquistar por la invitación de Cristo para participar en la Misión de su Iglesia.

Es verdad que los caminos de Dios son tan grandes que a veces sólo podemos entenderlos al estar en comunión con Él y pedirle su sabiduría y la generosidad necesaria para continuar con su proyecto de salvación. Por este motivo, estimados Padrinos y Madrinas, seguimos orando para que existan nuevas vocaciones interesadas en la vida misionera y en la evangelización de los no cristianos.

Es importante reconocer que las vocaciones también dependen de nuestra solicitud a Dios para que nunca falten. Está por demás decir que su apoyo, siempre generoso e incondicional, nos ayuda a que continuemos con la labor misionera de todo cristiano al compartir y ofrecer todo lo que somos en las tierras a donde el Señor nos envía.

Hace varios años, con el apoyo de una Misionera Laica Asociada a Misioneros de Guadalupe, esos hermanos que he mencionado y yo, sin saber siquiera que en algún momento íbamos a ser ordenados, primero diáconos y luego sacerdotes, sin contemplar que alguno de nosotros en algún momento sería nombrado a apoyar la Misión como animador vocacional, realizamos un video para invitar a los jóvenes a participar de la vida misionera y entregar con generosidad su juventud en favor de la evangelización.

A ti, joven lector de Almas, te invito a ver el video. Si bien fue realizado tiempo atrás, es muy actual para los propósitos de vida que seguramente buscas en una posible respuesta al llamado que el Maestro te hace.

Queridos bienhechores, les sigo pidiendo que motiven el compromiso misionero entre todos sus conocidos y los invito a ver el video y comentarnos lo que piensan sobre la exhortación que se hace. ¡Que Dios los bendiga siempre y continúe derramando su gracia en cada uno de ustedes!