P. José Guadalupe Camarillo Martínez, MG

En la Asamblea de Pastoral del año pasado, Mons. Gaeteno Galbusera Fumagalli, SDB, Vicario Apostólico de Pucallpa, solicitó que los Misioneros de Guadalupe que trabajamos en la Misión de Perú le ayudáramos a atender algunas comunidades, sobre todo del área rural, que no tienen la atención de un sacerdote. La Parroquia Virgen del Carmen, que es atendida por nosotros, asumió el área de Yarina, la cual comprende 11 comunidades rurales.

Hasta la fecha, en lo que hemos llamado Misión de Yarina, hemos realizado actividades misioneras, preparamos a los fieles para que reciban los sacramentos (estos son administrados el día de la fiesta patronal) y los sábados celebramos la Misa dominical en tres comunidades cercanas a la ciudad de Pucallpa: San Pablo de Tushmo, San José y San Lázaro.

Para atender a la Misión de Yarina, debido a que se trata de comunidades muy lejanas, también colaboran las otras dos parroquias atendidas por los Misioneros de Guadalupe: Sagrada Familia y San Francisco Javier. Por ello, las labores alrededor de Yarina se han convertido en una tarea evangelizadora de las tres parroquias que están a nuestro cargo dentro del Vicariato Apostólico de Pucallpa, por lo que se han constituido como parroquias misioneras.

Las 11 comunidades que comprende la Misión de Yarina tenían dos años sin ser atendidas por un sacerdote, pero, gracias a los encargados de las comunidades, los fieles seguían reuniéndose para celebrar la Palabra de Dios.

En la comunidad de San Pablo de Tushmo, que es la más cercana a la ciudad y anteriormente fungía como sede parroquial, como comenté anteriormente, se logró celebrar la Misa dominical cada sábado por la tarde y conformar un grupo de monaguillos integrado por Taissy, Xiomy, Pamela, Judith, Mariana, Norman, Keller y Óscar, coordinados por las gemelas Lisbeth y Elizabeth. Se trata de adolescentes muy entusiastas, con deseos de prepararse y servir a la Iglesia, quienes se reúnen todos los domingos para prepararse y sirven en el altar durante la Misa de cada sábado.

Una de las comunidades tiene como patrona a Santa Rosa de Lima, por lo que hace unas semanas, aparte de celebrarse la Misa en honor a su patrona, se iba a administrar el Sacramento del Bautismo. Parte en broma y parte en serio, les dije a los monaguillos: “Voy a celebrar la Misa de la comunidad de Santa Rosa de Yarina, ¿no quieren acompañarme?”. Y rápido me respondieron que sí, pero les advertí:“La Misa es en la mañana, por lo que tendría que pasar por ustedes muy temprano”. Me respondieron: “No importa, Padre, nosotros lo acompañamos”.

Yo no creía que fueran a acompañarme, debido a lo temprano que era la celebración. Por eso, aquel día, mientras me dirigía a la comunidad donde celebraría, pensé: “San Pablo de Tushmo me queda de camino, no voy a perder tiempo si entro… Como quiera, voy a pasar a ver si están”. Era muy temprano y no se veía gente en el pueblo. Conforme me acercaba a la Capilla, tampoco veía rastro de ellos. Sin embargo, de repente, los jóvenes salieron del fondo del patio de la capilla, gritando: “¡Padre, vámonos a la Misa!”.

Abordaron la camioneta rápidamente y ya en el camino les dije: “¡Pensé que no iban a acompañarme!”. Por lo que uno de ellos me respondió: “Estuvimos hablando entre nosotros y queremos ser misioneros como usted. Si nos invita, lo acompañamos a todas las Misas en las comunidades: queremos que otros chicos como nosotros también sirvan a Dios y a la Iglesia”.

Me dio mucho gusto lo que dijeron y más adelante me emocionó sobre todo ser testigo de la alegría con la que, a su manera, sirviendo en el altar, querían transmitir la fe en Dios a las demás personas. Puede ser que les falte mucha preparación litúrgica, pero su alegría compensa esas limitaciones.

A partir de entonces me han acompañado a las Misas en las comunidades, siempre que sus responsabilidades en el colegio se los permiten. En esas ocasiones, aprovecho para ponerlos como ejemplo de compromiso para la gente, en particular para los jóvenes.

A partir de entonces me han acompañado a las Misas en las comunidades, siempre que sus responsabilidades en el colegio se los permiten. En esas ocasiones, aprovecho para ponerlos como ejemplo de compromiso para la gente, en particular para los jóvenes.