P. Juan José Corona López, MG
Director Espiritual del Seminario Menor y del Cisemi

Marzo marca el inicio de la primavera, estación que trae consigo el renacer del campo y las flores. En países como el nuestro podemos gozar la belleza de las flores durante todo el año, pero en otros, como Corea, donde inicié mi experiencia misionera, es una alegría muy esperada después del invierno frío y gris, pues con la primavera empiezan a brotar las flores de variadas clases, como los cerezos, que ofrecen un espectáculo maravilloso.

El inicio de la primavera es una invitación a la renovación de nuestras vidas, sin importar la edad que tengamos. El Papa san Juan Pablo II decía: “La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte”.

En este mes vivimos también el inicio de la Cuaresma, en la cual la liturgia nos invita a la conversión o al cambio de dirección en nuestra existencia para disfrutar de la vida nueva que Cristo resucitado nos ofrece. En la Misión este es un tiempo especial porque se acompaña a los catecúmenos en su etapa final de preparación antes de recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual. Los nuevos bautizados significan un renuevo de la vida cristiana de cada comunidad.

En el marco del 70º aniversario de Misioneros de Guadalupe, el día 8 de marzo celebramos el 35º aniversario del Colegio Alonso Manuel Escalante y Escalante, en Guadalajara, Jal., donde colaboré algunos años. Su lema es Ciencia y Virtud, y al cumplir un año más educando para el bien elevamos nuestra acción de gracias a Dios.

Padrinos y Madrinas, los invitamos a que vivan esta Cuaresma como una preparación para renovar su compromiso bautismal, promoviendo la renovación de la familia, la comunidad parroquial y la sociedad entera.