Sem. Carlos Ernesto Ramírez Palacios

Queridos Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe, mi nombre es Carlos Ramírez, tengo 15 años, soy originario de Cocula, Jal., y actualmente estoy cursando el primer año de preparatoria como seminarista del Seminario Menor MG.

Decidí ingresar al Centro de Orientación Vocacional (COV) con los Misioneros de Guadalupe para resolver esta duda: ¿Cuál será mi camino y qué tipo de vocación tiene Dios para mí? Dentro de mi cabeza pasaban muchas cosas, tenía dudas que me impedían estar tranquilo acerca de lo que quería para mi vida. Por ello, decidí experimentar algo nuevo, asistir a las reuniones del COV y formar parte de un grupo de discernimiento vocacional y aventurarme a descubrir un nuevo camino, una nueva forma de vida.

Mediante el proceso de discernimiento vocacional que seguí, me fui dando cuenta de que la vida sacerdotal no es lo que la mayoría de las personas nos imaginamos, sino que implica muchas cosas más. Estuve asistiendo a los retiros mensuales del COV y cada vez me interesó más el sacerdocio y se acrecentó dentro de mí el deseo de ingresar al seminario.

Algo que la mayoría de las personas piensa de un seminario es que todo el tiempo te la pasas hincado en una capilla, haciendo oración o incluso estudiando en un salón de clases. La gente se imagina que los seminaristas se la pasan aburridos y enfadados. Pero cuando ingresé al Seminario Menor de Misioneros de Guadalupe me di cuenta de que allí no sólo se reza, ni únicamente se estudia, ¡y mucho menos te la pasas aburrido! Al contrario, se realizan distintas actividades que te permiten divertirte o distraerte, como hacer deporte, tener convivencia con tus compañeros, jugar juegos de mesa, entre muchas otras. Por supuesto también existen momentos de oración, que te ayudan a fortalecer tu vocación, a aumentar y mejorar tu relación con Dios. E igualmente existen momentos de estudio que te ayudan a tener una mejor formación intelectual.

Algunos de los problemas que los jóvenes tienen en la actualidad para entrar al seminario se relacionan con situaciones familiares. En ocasiones los jóvenes muestran interés por el sacerdocio, pero los papás no aceptan la decisión de su hijo. Yo creo que es indispensable que los padres de familia apoyen las decisiones de sus hijos, que ayuden a que lleguen a cumplir lo que desean para sus vidas. Otro impedimento se presenta al estar muy apegado a la familia, ya que estamos acostumbrados a estar cerca de nuestros familiares, que nos cuiden y, en ocasiones, que nos den lo que les pidamos, y cuando un joven así se da cuenta de que si entra al seminario tendrá pocas ocasiones al año de estar con su familia, puede decidir no ingresar.

Mi recomendación para los jóvenes con interés en el sacerdocio es que cada uno debe contestar al llamado que Dios le ha hecho, tratar de seguirlo y nunca dejar de tener comunicación con Él, que es el pilar para toda decisión en nuestras vidas. Algo que les puede ayudar mucho es conversar con los sacerdotes, solicitarles consejos, escuchar sus opiniones, pedirles que les platiquen sobre la vida en el seminario e incluso que los inviten a conocer uno.

Es importante saber que muchas veces habrá dudas sobre la vocación; tarde o temprano surgirán, pero es fundamental la comunicación con Dios para despejarlas en su totalidad.

Quiero invitar a todos los jóvenes a que no tengan miedo a responder el llamado que Dios les hace y se animen a seguir el camino del sacerdocio. De la misma manera, exhorto a los papás de esos muchachos a que apoyen las decisiones de sus hijos.

Estoy muy agradecido con todos ustedes, Padrinos y Madrinas, por todo su apoyo económico, pero más que nada por su apoyo espiritual. Les pido que sigan orando para que haya más vocaciones y que los jóvenes como yo lleguemos a ser sacerdotes en un futuro próximo. Nosotros también nos comprometemos a rezar por ustedes y por todas sus necesidades. ¡Gracias!