P. Mario Miranda Monroy, MG

P. Alijandro Álvarez Velázquez, MG

Angola se encuentra en el África austral. Actualmente tiene una población aproximada de 27 millones, de los que 13.5 son católicos que conviven con protestantes, musulmanes y personas que todavía conservan sus religiones tradicionales.

La primera etapa de la evangelización en Angola (1491-1834) se remonta a la época de expansión de los imperios europeos, a los que se sumó también Portugal. El martes santo de 1491 se relata la llegada de los primeros misioneros europeos. En esta primera etapa de evangelización se da la conversión desde los dirigentes hacia las comunidades. Se bautizó al rey del Congo, a quien se nombró Juan I, y su esposa, Leonor. Este periodo se caracterizó por el celo ardiente de los misioneros y el entusiasmo del rey del Congo y sus súbditos por abrazar la fe en los reinos del Congo y Angola, que, a pesar de tener presencia estructurada de la Iglesia, siguió considerándose como territorio prominentemente de evangelización. Desde entonces, los misioneros enfrentaron los retos que supone la rudeza de la tierra angolana y la constante amenaza a la salud debido a la malaria, la enfermedad del sueño, entre otros peligros.

La segunda etapa de la evangelización aconteció de 1865 a 1975, con la llegada de los Padres de la Congregación del Espíritu Santo, y la fundación, en 1873, de la Misión de Santiago de Landana. En esta etapa colaboraron con la Iglesia angolana numerosas congregaciones religiosas portuguesas y de otros lugares, principalmente los Espiritanos y diferentes congregaciones masculinas.

En febrero de 1975 el Papa Paulo VI creó la Delegación Apostólica de Angola, y con ello inició una nueva etapa evangelizadora en estas tierras, caracterizada por la implantación de la Iglesia con estructuras locales, la ordenación de obispos angolanos y el aumento de las vocaciones. Al mismo tiempo, a nivel político-social, se dio un periodo marxista y revolucionario instaurado con la declaración de independencia el 11 de noviembre de 1975, lo cual tuvo repercusiones directas en la forma de evangelizar: se prohibió la enseñanza religiosa en escuelas públicas y privadas, algunos templos se transformaron en colegios y todos los seminarios del país fueron tomados por el gobierno; además centenas de sacerdotes, religiosas y catequistas fueron encarcelados o asesinados.

En medio de ese ambiente el país entró en una guerra civil, y los misioneros y sacerdotes locales continuaron su trabajo, acompañando al pueblo en medio de la dificultad, la persecución y la guerra. Mons. Eduardo André Muaca, quien fue ordenado como Obispo de Malanje y, después, Arzobispo de Luanda, se encaminó a México para pedir colaboración para su diócesis e hizo una solicitud formal de personal a los Misioneros de Guadalupe el 12 de septiembre de 1978. El 2 de marzo de 1980 se anunció oficialmente la apertura de la Misión de Angola, y los primeros Padres MG en ser enviados fueron José Luis Vega Arce y Jorge Cruz Ávila, para ayudar en la reapertura del Seminario Mayor de Luanda. El 28 de agosto de 1980 partieron rumbo a Lisboa, Portugal, para estudiar portugués, y arribaron a su destino el 25 de enero de 1981.

Cuando nuestros misioneros llegaron al Seminario de Luanda, la obra de restauración del edificio había avanzado 30% y se hospedaron en la residencia episcopal. A la mañana siguiente, el arzobispo los presentó con los doce seminaristas que se habían refugiado allí, y a estos los exhortó a la obediencia y a tomar en serio su formación para ser buenos sacerdotes. Así inició la labor en la que asumieron la formación de gran número de sacerdotes angolanos, una tarea evangelizadora muy importante, sobre todo al tratarse de jóvenes que, en medio de la persecución, intentaban vivir el discipulado.

Para el año 1998 el seminario contaba con 370 seminaristas y se consolidaba como seminario interregional. Los frutos eran visibles y el trabajo consolador. El 28 de agosto de 2002 finalmente se entregó esta encomienda a la Iglesia local, dejándonos la experiencia de haber vivido la pastoral de pastorales en un ámbito ad gentes y el conocimiento de que nuestra colaboración sigue dando frutos evangelizadores en los numerosos obispos y sacerdotes egresados durante los gloriosos años de servicio a la Iglesia local. Fueron muchos los sacerdotes e incluso laicos mexicanos que colaboraron con esta obra.

Sin embargo, el trabajo de formación no era el único que desarrollábamos, al mismo tiempo se realizaba evangelización en parroquias. La Parroquia de Catete, de la actual Diócesis de Viana, se asumió en 1993, y hasta la fecha colaboramos ahí. El municipio de Catete es una villa a 70 km de Luanda. En el momento en que la recibimos contaba con 93 comunidades que debían atenderse. Al comienzo fue tomada como una parroquia para colaborar pastoralmente en la formación de los alumnos del Seminario de Luanda, y en 2010 se desprendió un sector para dar origen a la Parroquia de Buen Jesús, donde trabajan sacerdotes diocesanos. Numerosos Misioneros de Guadalupe han laborado en esta parroquia y en la actualidad continuamos atendiendo la cabecera parroquial y unas 35 comunidades. Además, colaboran en este lugar dos congregaciones de origen mexicano, una brasileña y una española, contando también con la presencia de Padres salesianos en la atención de dos internados masculinos dentro del territorio parroquial, donde además hay una escuela misionera que forma a estudiantes de primaria y ofrece una opción de calidad para alumnos de bajos recursos en la comunidad. La experiencia de esta parroquia es la de una comunidad viva y que, a través de la Eucaristía, los sacramentos, la catequesis y su arraigada devoción mariana, continúa viviendo su fe e invitando a otros angolanos a ser cristianos mediante el testimonio de vida.

En 1998 se asumió la Parroquia de Santa Ana, en Caxito, donde se encuentra uno de los principales santuarios dentro de la historia de la evangelización de este país. Cuenta con una casa del peregrino, centros pastorales y diferentes actividades. El P. Alejandro Ríos Zalapa, MG, recibió esta parroquia con la finalidad de desarrollar una pastoral de santuarios y, después de un gran esfuerzo y trabajo de nuestra parte, en 2008 fue electa como sede de la Diócesis de Caxito, erigida ese mismo año.

A partir de ese momento se siguió colaborando en esa parroquia, al tiempo que se vivía en Azucareira, erigida como Parroquia de Guadalupe después de entregar el santuario y la parroquia a la diócesis. Este nuevo compromiso fue asumido el 21 de abril del 2014 por los Padres MG Miguel Ángel Hernández Ruiz y Antonio Estrada Serrano, párroco y vicario respectivamente. La parroquia cuenta con 23 comunidades a las cuales se visita con regularidad; se trabaja arduamente en la catequesis de niños y adultos, se tienen diferentes grupos y una naciente devoción a Nuestra Señora de Guadalupe. Ahí colaboran con nosotros las Misioneras de Cristo Mediador, también de fundación mexicana.

En el 2004 se comenzó a atender un nuevo compromiso con la Iglesia angolana en la comunidad de Cahama, provincia de Cunene, ubicada al sur del país y con pluralidad de tribus, lo que la hace un desafío multicultural. Esta Misión surgió como un proyecto para atender comunidades de primera evangelización. Es propiamente una estación misionera desde donde se parte para atender a las comunidades de las diferentes tribus, y que se extiende hasta otro municipio: Curoca, donde la población tiene una vida seminómada y conserva sus costumbres ancestrales. En 2006 la administración municipal ofreció una casa para que los sacerdotes residieran y pudieran atender los asuntos pastorales de las comunidades. Los primeros Padres MG que atendieron este desafío fueron Alejandro Ríos Zalapa, Héctor Andrés Pérez Torres y Felipe de Jesús Martínez Navarro, quienes vivieron en una casa prestada por la comunidad y celebraban en una capilla de adobe y lámina. Posteriormente se inició el proyecto de construcción de un templo, para lo cual se solicitó la ayuda de todo el pueblo católico de México. Nuestros Padrinos y Madrinas hicieron donativos especiales mediante una campaña llamada “Todos somos Cahama”, para concretar esta obra que comenzó a construirse en 2008 y que hoy es una realidad misionera.

Estos son algunos de los datos más sobresalientes de la tarea evangelizadora que los Misioneros de Guadalupe hemos realizado en la Misión de Angola desde hace más de 35 años. Agradecemos siempre el apoyo de nuestros bienhechores, pues sin ellos todo esto no habría sucedido. Que Cristo misionero los acompañe siempre.