Queridos Misioneros de Guadalupe:

Quiero compartir con ustedes y otros lectores de Almas mi experiencia de fe. Desde chico siempre viví la fe en familia y en actividades de la parroquia, además de la constante visita en casa de religiosas, misioneros, sacerdotes y obispos.

Mi padre me contaba que fue monaguillo y seminarista. También me platicó que mi abuela, María M. A., participó como correo en el tiempo de los cristeros, y mi madre, señalando una mecedora, me decía: “En ella, todos los días tu abuela María rezaba el Rosario por cada uno de sus nietos”. Años más tarde descubrí que mi tía Lidia N. M. había sido por muchos años Madrina de ustedes, y gracias a ella hemos tenido contacto por más de 30 años y he recibido feliz la revista Almas.

Cuando era joven tuve la oportunidad de participar como estudiante de intercambio en Estados Unidos. Mis padres fueron a despedirme al aeropuerto y años después mi madre me platicó que estaba asustada y nerviosa ya que yo no sabía inglés, pero cuando abordé el avión sintió que la Virgen le dijo: “¿Por qué temes, mujer, yo hablo todos los idiomas”. Ahora siempre que entro a un templo y veo una imagen de la Virgen de Guadalupe recuerdo aquella frase.

Sé que es indispensable que transmita a mis hijos el don de la fe, como antes mis padres lo hicieron conmigo. ¡Bendito sea Dios que me ama tanto y que me ha dado la oportunidad de verlo en mi familia y conocidos a lo largo de mi vida!

Lauro N. A.


Estimados lectores:

Los invitamos a compartir brevemente con nosotros sus experiencias de fe derivadas de la ayuda que brindan a las Misiones. Pueden escribir al correo electrónico: almas@revistaalmas.com.mx.

Todos los textos serán revisados y, en caso de ser publicados, podrán ser modificados según los criterios de contenido de nuestra revista.