P. Juan José Cortés Casillas, MG
Director de Desarrollo

En 1949 el episcopado mexicano decidió que la Iglesia de México debía participar activamente en la tarea evangelizadora ad gentes de la Iglesia universal, por lo que el 7 de octubre se fundó el Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras.

Los obispos consagraron el seminario a la maternal protección de Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Evangelización, para garantizar un futuro exitoso y comprometer a todo el pueblo católico mexicano a involucrarse activamente en esta obra. Así mismo, el episcopado decidió apoyarla vocacional y económicamente: accedió a que cualquier alumno de los seminarios conciliares que sintiera el llamado vocacional para la Misión ad gentes pasara a engrosar las filas de la nueva institución y se comprometió a permitir una colecta anual en cada una de las parroquias y rectorías de las diócesis para sostenerla. Por esta razón, es probable todos ustedes alguna vez se hayan cruzado con algún Misionero de Guadalupe.

¿Cómo se puede ser parte de este Instituto? Primero, a través de la oración. Después, respondiendo al llamado vocacional, si es que Dios nos llama a ser sacerdotes misioneros. También es importante la colaboración económica para solventar los gastos de la acción evangelizadora.

Por ello, quiero agradecer a nuestros Padrinos y Madrinas, quienes generosamente nos apoyan, pues, además, muchos de ellos nos abren las puertas de sus hogares cuando realizamos promociones y colectas en las diversas parroquias del país. Ustedes se han convertido en miembros fundamentales para que el Instituto siga adelante con la tarea recibida de Dios a través de nuestros obispos.

Que Jesucristo, nuestro Señor, siga bendiciendo al Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras y a cada uno de sus miembros: sacerdotes, seminaristas y ustedes, queridos Padrinos y Madrinas.