P. Daniel Panduro Fregoso, MG
Asistente de la Dirección de Desarrollo en Monterrey

Todo mi sueño misionero inició en la parroquia donde fui bautizado y donde crecí ayudando a los sacerdotes tanto a acolitar como a visitar enfermos para llevarles los sacramentos de la Unción y la sagrada Comunión. Recuerdo que llevaba la veladora y una campanita para anunciar que llegaba no sólo el sacerdote, sino la presencia de Jesús sacramentado. Recuerdo que los vecinos y familiares se levantaban en señal de respeto y, quienes podían, acompañaban en la oración al enfermo.

Esta experiencia marcó mi inquietud vocacional. Además, recuerdo que mi madre era Madrina de los Misioneros de Guadalupe desde hacía años y una vez me pregunté, leyendo la revista Almas: “¿Qué tengo que hacer para algún día también ir como sacerdote y ayudar a tanta gente necesitada?”. Desde niño soñaba con ir a África y predicar como sacerdote misionero entre las tribus que salían en Almas, pero me parecía un sueño imposible. Sin embargo, después de un proceso de acompañamiento durante seis años en el Centro de Orientación Vocacional MG, sumado a los consejos de mis padres, abuelos, dos tíos sacerdotes y mis doce hermanos, decidí iniciar mi aventura formativa en el Seminario de Misiones.

Ahora han pasado 26 años desde mi ordenación sacerdotal, y he podido trabajar en Perú, Cuba, Angola y varios lugares en México, sitios donde he constatado la alegría de las personas por recibir no tanto al sacerdote, sino la fe y el amor de la Palabra de Dios, así como su formación para los sacramentos.

Realmente hacen falta jóvenes que digan “Sí” al Señor. Por eso, si algún joven que lea esto siente el llamado de Jesús, le digo: ¡No tengas miedo, si yo he podido llegar, también tú puedes lograrlo. Sólo déjate guiar y acompañar. Si tienes dudas, ve al sagrario, ora ante Jesús y María, y pídeles que te ayuden a clarificar tu vocación. La familia de los Misioneros de Guadalupe te da la cordial bienvenida. Ésta es tu familia que te espera. ¡Bienvenido!