Pidamos porque la luz del Señor ilumine los corazones, mentes y facultades de quienes administran la justicia en el mundo para que su obrar sea recto, vean por el bien de las personas y se esfuercen por lograr que la convivencia entre los seres humanos se caracterice por la equidad
y la armonía. Velemos también por la justicia de nuestros pensamientos y actos; tengamos en mente la observación del salmista, quien nos recuerda
que: “Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones, pero el Señor se enfrenta con los malhechores para borrar de la tierra su recuerdo” (Sal 34, 16-17). Que a través de la gracia del Señor, conmovida por nuestras oraciones, los administradores de la justicia obren de manera íntegra y, de esta manera, la justicia triunfe sobre la injusticia que hoy prevalece en el mundo.