P. Óscar Mario Romero Becerra, MG


P. Pascual Miyashita

El P. Pascual Miyashita Ryohei es un sacerdote diocesano de la Arquidiócesis de Tokio que tiene 26 años de haber sido ordenado.

Durante un tiempo ejerció el servicio de Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Japonesa, y en ese lapso se relacionó de manera cercana con el grupo de Misioneros de Guadalupe en Japón; de hecho, fue él quien ayudó con su aval para que nuestro Instituto consiguiera la personalidad jurídica religiosa en aquel país.

Después de muchos años de convivir con misioneros mexicanos, el P. Miyashita sintió la inquietud de viajar a México para visitar a Nuestra Señora de Guadalupe en la Basílica del Tepeyac, conocer los seminarios de los Misioneros de Guadalupe, aprender de nuestra cultura y, sobre todo, experimentar la gran fe del pueblo mexicano. Por eso pidió permiso a su obispo para venir a nuestro país por un periodo de casi 10 meses, tiempo que además aprovechó para estudiar la lengua española y recorrer algunas partes de nuestra patria.

En este artículo recabo algunos testimonios e impresiones que el P. Miyashita compartió en diversas pláticas durante su estancia.

El P. Pascual visitó muchos lugares de México y tuvo la oportunidad de conocer nuestras Misiones de Cuba y Perú.

P. Pascual Miyashita en capilla junto al P Oscar Mario Becerra

Quedó impresionado por la cantidad de fieles católicos y la fidelidad en la fe del pueblo mexicano, ya que, según nos comentó, en Japón los cristianos
son una minoría.

La Navidad la pasó con la familia del P. Enrique Gómez R., MG, en San Felipe, Gto., donde le llamó mucho la atención la participación del pueblo en las celebraciones, además de otras tradiciones, en especial la costumbre
de arrullar al Niño Jesús, cosa que nunca había visto en su país de origen.

Por otra parte, el P. Pascual comentó con sorpresa: “En la Ciudad de México pienso que no hay parroquia en donde no se celebre la Misa al menos tres veces cada domingo”. Aunque no comprendía bien lo que se decía en las celebraciones, veía que varias personas, con mucha fe y devoción, comulgaban, y entonces se preguntaba: “¿Qué será lo que atrae a las personas a participar de la Misa del domingo y a comulgar en Cuerpo de Cristo?

De la misma manera, el P. Pascual compartió otras cosas que le asombraron en las Misas: “En México, algunos sacerdotes, a la hora de la homilía, se bajan del presbiterio, dejan el ambón y predican en el pasillo central del templo. Su actitud es la de ponerse al mismo nivel de la asamblea para pensar juntos y, en algunos casos, dialogar con sus miembros”. Incluso con mayor asombro comentaba: “Un domingo, en una parroquia cercana, el sacerdote inició la homilía dialogando con los niños y con los adultos; continúo con su mensaje al mismo tiempo que abrazaba a algunos de ellos. ¡En Japón, nunca he visto algo así! Para el futuro de la evangelización de Japón, me parece que es muy importante que el sacerdote sea amable y de trato fácil”.

Con estas vivencias, el P. Pascual se preguntaba: “¿Qué impresión reciben las personas que llegan por primera vez a la Iglesia? ¿Qué imagen de Dios les damos?”. Y continuó con una reflexión: “Mi estancia en México me ha ayudado mucho a darme cuenta de que la Iglesia afronta problemáticas comunes en muchas partes del mundo. Son pocos los jóvenes que asisten a la Misa dominical”.

Con esta reflexión confirmo que la actitud que debe prevalecer en nosotros los cristianos es la de ser atentos con las personas, la de escucharlos y la de trasmitirles la paz de Cristo, y esto también corresponde a todo sacerdote que con sinceridad quiera evangelizar hoy en cualquier parte del mundo.

Otro aspecto que llamó la atención al P. Miyashita fue la alegría y el ambiente festivo en las Misas, ya que llegó a decir: “En México, las celebraciones dominicales nunca son tristes”. Los cantos forman parte importante de las ceremonias y el sacerdote japonés observó una gran cantidad de grupos corales en las comunidades parroquiales que visitó; de manera particular le gustó mucho el uso de las guitarras, instrumento que no es común en las Misas en Japón.

Lo que se transmite en las celebraciones es muy importante para infundir y acrecentar la fe de las personas. Muchas de ellas volverán a la Iglesia por esas liturgias bien preparadas y por el espíritu de acogida que les brindemos, tanto la comunidad cristiana como los presbíteros.

El P. Miyashita nos dijo que la actitud del sacerdote es muy importante, ya que en las Celebraciones Eucarísticas Cristo se hace presente de manera especial a través de él, y lo hace por medio de su voz, su postura, el tono; todas las actitudes del presbítero, en conjunto, expresan el amor de Dios, manifestado a nosotros de forma natural en la figura de Jesús. Cuando hace presente a Cristo de esa manera, el sacerdote transmite paz y consuelo a las personas. Así son los misioneros que Japón necesita; y, posiblemente, no sólo Japón, sino en el mundo actual.

El P. Pascual realizó un gran esfuerzo por aprender nuestra lengua y conocer nuestra cultura, ya que es un requisito indispensable para poder comprender las realidades que vive el pueblo. Aprender otra lengua es todo un reto para cualquier misionero que llega a otro país, por lo que después de 10 meses en México llegó a afirmar: “Muchos dicen que el estudio del idioma japonés es muy difícil. Probablemente sea aun más arduo que el esfuerzo que yo he hecho a mis 64 años por intentar aprender el español, pero esta experiencia me ha servido para vivir en carne propia el esfuerzo que hacen los misioneros por aprender mi lengua nativa. Dicho sufrimiento ha servido para que muchos misioneros, también los Misioneros de Guadalupe, consuelen a los japoneses. Deseo que sean muchas más las personas que en el futuro experimenten dicho consuelo”.

Antes de partir para su patria, donde asumirá un nuevo reto en la Arquidiócesis de Tokio, el P. Pascual Miyashita Ryohei elevó una oración por los futuros misioneros que irán al Japón, misma que comparto con ustedes, queridos lectores:

“Señor, envía a muchos jóvenes misioneros mexicanos a Japón. Que ellos aprendan, aun con lágrimas, la lengua japonesa, que conozcan la cultura de
Japón y que sean portadores de la paz de Cristo. Amén”.