Jesús dijo a sus Apóstoles: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo […] y serán mis testigos» (Hch 1, 8). Y aconteció precisamente así: los discípulos, que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la Resurrección del Maestro, son transformados por el Espíritu y […] “dan testimonio de él” (cfr. Jn 15, 27). De vacilantes pasan a ser valientes y, dejando Jerusalén, van hasta los confines del mundo […] [La fuerza del Espíritu Santo es] al mismo tiempo centrípeta y centrífuga. Es centrípeta, es decir, empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón […] regala la intimidad con Dios, la fuerza interior para ir adelante. Pero al mismo tiempo es fuerza centrífuga, es decir, empuja hacia el exterior. El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos. Envía, convierte en testigos y por eso infunde —escribe Pablo— amor, misericordia, bondad, mansedumbre.

Francisco
Homilía en la Santa Misa de la Solemnidad de Pentecostés
20 de mayo de 2018