P. Daniel Segura Pozas, MG

Por la Evangelización:
Primavera misionera en la Iglesia.

Que el soplo del Espíritu Santo suscite una nueva primavera misionera en la Iglesia.

La Misión de la Iglesia es una sola, por eso la acoge y la cuida como mandato de su Señor; no puede cambiarla ni mucho menos ignorarla, y en verdad toda su vida debe dedicarla a ella. A lo largo de los siglos, la libertad del hombre ha llevado a cambiar de rumbo lo que Dios le ha pedido a este por medio de su Iglesia, a tal grado de olvidarse de lo que verdaderamente tiene que llamar su atención. Pero aún resuenan las palabras de Cristo: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). Es por eso que quienes formamos la Iglesia en la actualidad estamos seriamente comprometidos con este mandato. ¡Somos la Iglesia y no debemos dejar de lado el compromiso adquirido desde nuestro Bautismo! Como se dijo en un principio, la Misión es una sola, aunque cada uno tenga tareas diferentes, ya que todas están encaminadas a la realización de hacer discípulos a todos los pueblos, al servicio de un solo Dios, movidos por un mismo Espíritu.