La Iglesia está en Misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra (cfr. Mi 5, 3; Mt 28, 19; Hch 1, 8; Rm 10, 18) […] Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una Misión; tú eres siempre una Misión; todo bautizado y bautizada es una Misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una Misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios. Aun cuando mi padre y mi madre hubieran traicionado el amor con la mentira, el odio y la infidelidad, Dios nunca renuncia al don de la vida, sino que destina a todos sus hijos, desde siempre, a su vida divina y eterna (cfr. Ef 1, 3-6).

Francisco
Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019
9 de junio de 2019