P. Miguel Ángel González Aldaco, MG
Misionero en Mozambique

Conocí a los Misioneros de Guadalupe cuando estaba por terminar la primaria. Un promotor vocacional visitaba nuestra escuela y me invitó a un retiro, el cual me agradó bastante. Después acepté la invitación para integrarme al Centro de Orientación Vocacional (COV), donde llevé un proceso de acompañamiento por tres años, mientras estudiaba la secundaria.

Así inicié el camino de la vida misionera y desde entonces esa caminata sigue su curso. Las actividades en las que participé durante doce años de formación inicial me fueron motivando a seguir adelante, a profundizar y concientizarme más sobre la importancia y la necesidad de contar siempre con operarios para la mies del Señor.

Después de quince años de servicio en la Misión de Perú, seguidos de seis años en la animación misionera en México, actualmente me encuentro en Mozambique, donde he comenzado un nuevo andar en una misión totalmente diferente a lo que había caminado antes, con nuevos retos y nuevas dificultades para la divulgación de la Palabra de Dios.

El Papa Juan Pablo II dijo: “Vale la pena consagrarse al hombre por Cristo”. Estas palabras son un invitación para que todos formemos parte de la gran familia misionera de la Iglesia, ya sea con oraciones, ayuda económica o respondiendo de manera definitiva al llamado que Cristo hace para seguirlo.

Nuestro Instituto ha culminado los festejos por sus primeros 70 años de vida. Personalmente agradezco a Dios por permitirme, desde hace 23 años, pertenecer y sentirme plenamente identificado con esta familia misionera. Agradezco a cada sacerdote que me acompañó durante mi formación y a los superiores de Misión y de casa que me han acompañado hasta ahora; a todos ellos les debo lo que soy como misionero. También doy las gracias a mis familiares, amigos, bienhechores y todas las personas que he conocido en mi camino misionero, por el apoyo que me han brindado a mí y a las misiones.