P. José Ausencio López López, MG

Estimados Padrinos y Madrinas, ahora estoy en una ciudad costera llamada Kesennuma, la cual, hace unos años, fue muy azotada por el tsunami que devastó diversas partes de Japón. A este respecto, quisiera compartirles, brevemente, algunos datos.

Poco después de aquella tragedia, casi de inmediato, la conferencia episcopal de este país determinó una serie de iniciativas y medidas para responder ante el desastre, entre ellas un plan a largo plazo, de 10 años (es decir, hasta el 2021), el cual, bajo la responsabilidad del organismo Cáritas Japón, inició con siete “Cáritas Base” o campamentos de socorro, cuyas tareas serían tomadas por las diferentes diócesis del país. Entre otras actividades a realizar, algunas de ellas estarían enfocadas en la organización de cientos de voluntarios y las diversas ayudas materiales que se fueron recibiendo, en muchos casos desde el extranjero.

Tan sólo en una de estas bases, hasta hoy, el número de voluntarios ha sido de 19 352. Hay que recordar que fueron más de 30 mil las víctimas registradas, entre muertos y desaparecidos. Por otra parte, los damnificados se contaban por cerca de las 200 mil personas o más, a quienes había que atender de inmediato en alguna forma, y estas bases significaban la posibilidad de brindarles apoyo espiritual, psicológico y material a muchos de ellos. La primera urgencia era proporcionar la ayuda de primeros auxilios en refugios, vestido, sustento y consuelo; en segundo lugar, la vivienda temporal, para luego dar paso a la asistencia social, etc.

En la actualidad más de 31 mil japoneses siguen viviendo en refugios o casas improvisadas. La mayoría de ellos pertenecen a ciudades y poblados vecinos al reactor atómico de Fukushima, destruido por el tsunami, en un área que comprende alrededor de 20 km2, los cuales han quedado llenos de poblados fantasma, inhabitables por la alta radiación atómica; es el área de mayor preocupación por ahora y en el futuro.

Son cientos los voluntarios que, a través de las bases, han recibido orientación y entrenamiento para la ayuda adecuada a los damnificados. Gracias a la providencia de Dios, a través del trabajo realizado por Cáritas Base, la Iglesia católica ha sido altamente reconocida entre los no cristianos, pues opinan que las acciones realizadas por estas Señoras Cáritas, como las llaman en japonés, son toda una bendición y una gracia de Dios.

Por su parte, el gobierno de Japón niega (o al menos se desentiende de) los comentarios negativos respecto a la radiación nuclear y la situación actual de muchos damnificados, quizás por temores a la crítica internacional y las consecuentes pérdidas económicas y de credibilidad, sobre todo si tenemos en cuenta que este año Japón será la sede de los Juegos Olímpicos.

No obstante, lo más importante sigue siendo que, en medio de la polémica y como respuesta al sufrimiento del pueblo, la evangelización va encontrando nuevos cauces y métodos para dar a conocer la Palabra salvadora y amorosa de Dios.