P. Francisco Trujillo Zepeda, MG
Superior de la Casa San José

En la Eucaristía del Día del Padrino 2019, en la Ciudad de México, Mons. Dominic Kimengich, Obispo de Lodwar, en Kenia, al hablar “en nombre de todas las personas que han sido beneficiadas por la generosidad de la Iglesia mexicana y de los Misioneros de Guadalupe”, hizo la comparación de los dos lagos del pueblo de Israel: el lago de Galilea y el Mar Muerto. Ambos reciben agua del río Jordán, y uno tiene agua fresca, llena de vida y peces, mientras que el segundo tiene tanta sal que nada puede crecer en él, está muerto. ¿Cuál es la diferencia? Que el Lago de Galilea recibe el agua y la deja salir, mientras que el Mar Muerto sólo la recibe

He tenido la dicha de compartir mi fe en Kenia, África, tanto en la Diócesis de Lodwar, como en la de Ngong. En ambos lugares me tocó compartirla por medio de los sacramentos y la predicación, de la ayuda humanitaria, del trabajo día a día, de acompañar a las personas en la ardua tarea por subsistir. Es una misión que muchos llamarían electrizante: viajando a lugares remotos, atravesando semi-desiertos y sabanas, topándose con elefantes, leones, jirafas y otros muchos animales salvajes. Muchos podrán decir: “¡Así debería de ser la Misión!”. Y sí, esa es una cara, pero la Misión tiene muchos rostros.

Nuestro mayor reto es ser en verdad misioneros: compartir la fe que recibimos, dejarla correr; y nuestro mayor desafío es aprender a reconocer la misión de Jesús en nuestra vida cotidiana, porque la Misión se vive y se comparte en donde estés y con quién estés. En la Casa San José, destinada a los misioneros mayores o enfermos, nuestros hermanos que dieron su vida durante muchos años en otros países, siguen compartiendo la Misión de la Iglesia, ahora por medio de la oración de intercesión y de los ofrecimientos que se hacen para que la fe que un día recibimos siga corriendo, como el agua del río Jordán, por donde estemos y siga llevando vida a todos nuestros hermanos.