Sem. Víctor Antonio Jerónimo Santos

Estimados Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe, mi nombre es Víctor Antonio Jerónimo Santos, soy seminarista, originario de Veracruz y tengo 21 años de edad. Cuando decidí comenzar mi formación sacerdotal me encontraba estudiando el primer año de preparatoria. Ingresé al seminario menor de la diócesis a la que pertenezco y concluí allí la preparatoria. Felizmente puedo decir que mi llamado vocacional misionero despertó precisamente siendo alumno de aquel seminario, ya que al principio se trató sólo de la invitación a vivir una experiencia misionera.

Casi al concluir la etapa del seminario menor y estando en la sala de espera de mi director espiritual, me encontré la revista Almas y comencé a hojearla. Luego de leer los testimonios y experiencias de seminaristas y sacerdotes que se encontraban en tierras de misión, sentí una gran emoción y el deseo de también compartir la fe con otros pueblos. En particular, África es la tierra de misión que me motivó a querer emprender este camino.

Hoy en día, después de estar dos años con Misioneros de Guadalupe, la emoción es mayor y el anhelo por la misión aumenta, la experiencia de convivir con diáconos y sacerdotes mg ayuda a que el discernimiento y la decisión de cada seminarista se aclare.

Sin duda, conforme uno pasa más tiempo dentro del seminario, las experiencias cada vez se van haciendo mayores y mejores: todos nos damos cuenta de que las personas tienen una gran necesidad de Dios y, sobre todo, cada quien se siente bien consigo mismo, al saber que se tiene la oportunidad de brindar a otros esa felicidad.

Decidí comenzar un camino con Misioneros de Guadalupe debido a su carisma y por la gran labor que realiza, pero sobre todo por las oportunidades que ofrece y la preocupación que tiene por formar primero a buenas personas y cristianos. La misión es variada y distinta, pero con un solo fin: evangelizar. Es como alguna vez dijo un sacerdote al volver de África: “La misión no es un espacio geográfico o una extensión territorial, la misión es una actitud”.

Con alguna frecuencia, cuando salimos a realizar promoción del Instituto a parroquias en diversas partes de nuestro país, se experimenta una gratificante sensación cuando las personas se acercan y nos felicitan por el camino y la vocación que hasta ahora hemos elegido. Pero lo realmente importante no es el camino que hemos escogido, sino el llamado que Dios nos hace y la generosidad con la que nosotros queremos responder.

Les agradezco mucho el apoyo que nos brindan a los seminaristas para formarnos y alistarnos a compartir la Palabra del Señor. ¡Que Dios y la santísima Virgen de Guadalupe los colmen de bendiciones!